


PREFACIO
En un mundo como aquel, los sentimiento verdaderos y puros eran resumidos, preciados por aquellos que añoraban experiencias verdaderas; cuando los años parecen pestañeos los sentimientos pierden importancia, las penas se pierden y los remordimientos quedan enterrados bajo el peso del pasado.
Lorena pasaba la lengua por uno de sus colmillos, en un gesto calculador y pensativo, frente a ella un gran hombre la miraba interesado, moviendo la copa de vino en su mano derecha con curiosidad, no era común ver a la duquesa en tal reflectivo estado.
—Debes estar preguntándote por qué te he citado esta noche —sonrió la duquesa. Su copa de sangre estaba entera, pero esa noche se encontraba ansiosa.
—Realmente lo hago —asintió el lobo.
¡Qué distintiva pareja! Un hombre lobo y una vampiresa. Aún con las constantes masacres que había entre ambas razas, esos dos seres se habían encontrado desde siglos atrás, dejando sus diferencias para encontrar una amistad, casi como una relación madre e hijo.
La duquesa era una vampiresa poderosa, de sangre pura tal como sus ojos oscuros lo expresaban, y varios siglos atrás en una de sus apariciones en un bosque de Noruega logró salvar a un cachorro de hombre lobo. Que bondadosa había sido aquella tarde, cuando evitó que el pequeño niño cayera al río.
Por alguna razón, la duquesa no repudio la existencia del cachorro y se encargó de la seguridad de este hasta las cercanías de su manada. Así fue como la duquesa había conocido a Einar.
Einar, por otro lado, la presencia de la duquesa le causaba escalofríos. Y la agradable pero impenetrable personalidad de la vampiresa era todo lo contrario a lo que le aclaraban las enseñanzas de su manada, por lo que, yendo contracorriente con su manada, le agradaba la presencia de la vampiresa a su lado.
Allí se encontraba el poderoso Einar, al lado de la vampiresa que le había salvado la vida, la que le mostró más de lo que un hombre lobo tiene permitido ver.
—Einar, es hora que empieces la búsqueda de tu luna, su presencia en tu manada es indispensable para tu poderío, y tu vida junto a ella se llenará de dicha.
El rostro del lobo mostró un sin fín de emociones hasta acabar en una inexpresiva expresión.
—No necesito a mi mate para tener poder, Lorena —La duquesa se sintió irritada, aquel lobo envejecía de forma lenta, pero lo hacía, los cabellos grises tomarían lugar en su cuidada cabellera.
—Respeto, pequeño lobo —siseo ella, tomando su copa de sangre tomando un profundo trago para calmar su hambre eterna —Pronto el consejo organizará un baile, tú como alfa tienes un puesto asegurado como miembro activo de su sociedad, irán personajes de todas las manadas de Noruega.
—Lo sé, las invitaciones fueron entregadas hace unas semanas —Lorena se mostró complacida, aquel hombre seguía siendo el pequeño cachorro al que había cuidado por los años que conformaban su existencia —No tenía pensado asistir.
—Oh no, asistirás, e iré como tu acompañante para asegurarme de ello —Einar suspiro resignado. Cambiar la opinión de la duquesa luego que una decisión fuera tomada era una de las cosas que nunca iba lograr.
—Entras a ese lugar y cada ser en dicha sala reconocerá tu esencia y tratarán de arrancarte la cabeza.
—No soy tonta, Einar. Tantos años de vida he aprendido más trucos de los que alguien de tu raza podría conocer; nadie notará lo que en realidad soy, sólo verán una joven humana acompañada de un alfa.
—¿Estás segura que es la única razón por la que quieres acompañarme? —cuestionó Einar desconfiado.
—Es esencial mantenerse informado. Tu sociedad en su propio orden es muy caótica —río Lorena, levantándose de su asiento y acariciando con sus manos las mejillas de su lobo —Ahora, cuéntame cómo está todo.
Einar al escuchar esas palabras sonrió de forma inconsciente, era la forma en la que Lorena indicaba que los temas políticos y la rigidez había acabado, el momento en el que ella era su confidente y amiga
—La manada está tranquila, ha pasado el revuelo desde la muerte de mi padre y la paz será firmada entre la manada “Luna Creciente” y la nuestra. Creo que la guerra ha acabado, Lorena —la duquesa dibujó una sonrisa en su rostro, mostrando sin pudor sus colmillos.
Einar nunca sabría que Lorena había movido ciertas piezas para que esa tregua fuera firmada, como amenazar a la Luna de Luna Creciente con secar el cuerpo de su hijo, asegurando que le encontraba un gusto maravilloso a la sangre de lobo.
—Me alegra que tus problemas con dicha manada finalicen —dijo con sinceridad Lorena.
— ¿Qué has hecho en mi ausencia? —preguntó Einar moviendo su copa de vino.
—Lo de siempre. Pertenecer a la alta sociedad es aburrido, recuerdo bien cuando mis únicas preocupaciones era encontrar mi cena. Pertenezco a una corte de puros incompetentes —gruñe ella para la diversión de Einar.
— ¿No te preocupa que algún día la corte sepa de nuestra conexión? —cuestiona el alfa, con preocupación.
Lorena lo pensó por unos segundos antes de contestar. Sinceramente en esos tiempo las relaciones entre ambas razas eran nulas, que alguien de la corte descubriera la relación entre la duquesa y el alfa podría perjudicarlos.
—No —mintió ella mirando su propia copa —Han pasado muchos años, Einar ¿Quién se tomaría el tiempo de mirarnos? Mi nombre es invisible en tu sociedad, y en la mía soy una poderosa duquesa. Nadie se tomará el tiempo de relacionar mi nombre junto al tuyo, jamás, yo misma me he encargado de eso.
Einar dudó, pero no insistió. Ambos eran cuidadosos, sus encuentros eran únicamente en los terrenos de la duquesa, no habían posibilidades de que alguien pudiera descubrirlos.
—Este sábado deberás encontrarte conmigo en la manada, esperaré por ti —Lorena asintió.
Desde hace unos años Einar había alcanzado la edad para encontrar a su mate, y dedicó un tiempo en su búsqueda quedando completamente decepcionado, por lo que Lorena decidió mover ciertos hilos.
Para Lorena encontrar a la mate de Einar fue una de las cosas más difíciles que pudo hacer, le tomó años encontrar a dicha loba, pero hace unos meses logró encontrarla y con ello se aseguró que ella estuviera presente en dicha fiesta.
—Estaré ahí. Recuerda que luciré más humana y no reconoceras mi olor, pero para que puedas reconocerme llevaré un vestido rojo.
— ¿Un vestido rojo en una fiesta de invierno? Hay un código de vestimenta, Lorena —sonrió el alfa, pero la duquesa no cambió de opinión.
—Muchos dicen que el rojo es mi color.